Lunes, 25 Febrero 2013 08:55

TACOS Y CALENDARIOS III

Escrito por
Valora este artículo
(0 votos)

En el libro Palabras con Historia, de Gregorio Doval, subtitulado Etimología razonada y anecdótica de palabras con origen curioso, Ediciones del Prado, Madrid 2002 se explica más detalladamente el problema de los calendarios a lo largo de la historia.

Calendario. La palabra calendario (del latín med. Calendarium) tuvo la acepción original de “registro o libro de cuentas de un prestamista”, en alusión a que el interés mensual de los acreedores debía pagarse exactamente en las calendas o primer día de cada mes de los romanos. La primera solución histórica al problema del calendario de la que se tiene noticia es la de los babilonios, que usaban años de 12 meses lunares de 30 días cada uno, y añadían días extras cuando necesitaban mantenerlos en línea con las estaciones del año. Los egipcios utilizaban años de 365 días, distribuidos en 12 meses de 30, con 5 días extras al final de cada uno. Dado ese sistema, cada cuatro años el EQUINOCIO (del latín aequinoctium, de aequi-, “igual”, y nox, “noche”, momento en que la duración del día y de la noche es aproximadamente la misma) se retrasaba casi un día. Por eso, hacia el año 238 a. de C., el rey Tolomeo III ordenó que se añadiera un día extra cada cuatro años, al que se dio el nombre de día incierto.

 

 Los griegos, por su parte, establecieron un año de 365 días, que también acumulaba 5 horas, 48 minutos y 46,57 segundos anuales de retraso.

 

 

 

Los hebreos optaron por un calendario –a contar desde la creación del mundo que, según Samuel, ocurrió el 3761 a. de C.- que considera ciclos de 19 años de 12 meses, de los cuales el 3, 6, 8, 11, 14, 17 y 19 añaden un 13er mes, formando un complejo sistema de años defectuosos de 353 días, regulares de 354 días y perfectos de 383.

 

El calendario musulmán comienza a contar desde la huida de Mahoma a Medina (Hegira), ocurrida el 622 de la Era cristiana, y consta de ciclos de 30 años, 19 de ellos de 354 días repartidos en 12 meses de 30 y 29 días, alternativamente, y 11 de 355 –los años 2, 5, 7, 10, 13, 16, 18, 21, 24, 26 y 29 de cada ciclo-, día extra añadido al último mes. El primer calendario romano consideraba años de 304 días repartidos en 10 meses, comenzando por marzo. En el siglo VII a. de C., el rey Numa Pompilio (715-672 a. de C.) añadió dos meses más, enero y febrero, al final del año, que hasta entonces era diciembre. No obstante, como los meses tenían sólo 29 o 30 días, era necesario intercalar un mes extra cada dos años. Para añadir confusión, los días del mes eran contabilizados y designados mediante el incómodo método de contar hacia atrás a partir de tres fechas señaladas: las calendas, o primer día del mes; los idus, o mediados de mes –que caían el día 13 de ciertos meses y el 15 de otros-, y las nonas, o noveno día antes de los idus. El calendario se hizo enormemente confuso cuando los funcionarios que tenían encomendada la adición de días y meses abusaron a conveniencia de su autoridad para prolongar sus cargos o para adelantar o retrasar elecciones.

 

 En el 45 a. de C., Julio César impuso un calendario –conocido en su honor como juliano- diseñado por su astrónomo particular, el grecoegipcio Sosígenes, formado por años de 365 días, más un día adicional añadido al final de cada dos años; este año, de 366 días, era llamado BISIESTO (del latín bisextus, de bis, “dos”, y sextus, “sexto”, en referencia a que este nuevo día se añadía, sin contar fecha, tras el 24 de Febrero, sexto día de las calendas de marzo.

 

Sin embargo, habida cuenta de que este calendario era 11 minutos y 14 segundos más largo que el solar, se fue generando un importante desfase. Por eso, el papa Gregorio XIII (1502-1585), preocupado porque las fiestas religiosas se habían desplazado anacrónicamente a lo largo del año, convocó a algunos sabios de la época –entre ellos el astrónomo napolitano Aloysius Lilio y el jesuita alemán Christopher Clavius- que confeccionaron un nuevo calendario, promulgado por el papa el 24 de febrero de 1582, por medio de la bula Inter Gravissimas. Para adecuarse con el calendario astronómico, este nuevo calendario –llamado después gregoriano en homenaje a Gregorio XIII- suprimió los 10 días que iban del jueves 4 al viernes 15 del mes de octubre de 1582, por lo que ese año sólo tuvo 355 días. Para prevenir futuros desfases, el calendario gregoriano estipuló que cada cuatro años hubiera un bisiesto de 366 días –y que ese día fuera, como en la actualidad, el 29 de febrero-, a excepción del último de cada siglo cuyo número de centenas no fuera múltiplo de 4 –por ejemplo, 1600 y 2000 fueron bisiestos, pero no 1700 y 2100-. Pero, pese a ese día extra, subsiste aún una pequeña diferencia entre el calendario oficial y el solar, que provocará dentro de 4.000 años un error superior al día, por lo que es de prever que el mes de febrero de 6000, que tendría que tener 29 días como corresponde a un año divisible por 400, sólo tenga 28. Ya veremos.

 

Este calendario gregoriano no fue aceptado instantáneamente por todos los países europeos. Sí, por ejemplo, por España, que reformó la fecha en el mismo momento que Roma: el 4 de octubre de 1582. Ello dio lugar, por cierto, a que santa Teresa de Jesús, que murió justamente ese 4 de octubre de 1582, fuera enterrada el día siguiente, es decir, el 15 de octubre de 1582. Francia, en cambio adaptó su calendario dos meses después, el domingo 9 de diciembre. Pero otros países tardaron más: Inglaterra lo hizo en 1752; Rusia, en 1918, y Grecia, en 1923. El caso inglés, por cierto, dio lugar a otra anécdota; Miguel de Cervantes y William Shakespeare murieron en la misma fecha -23 de abril de 1616-, pero no el mismo día; Shakespeare lo hizo 11 días antes que Cervantes, puesto que existía tal desfase entre ambos calendarios.

 

 

 

Tranquilidad (que viene de tranca, dice el saber popular) que llegamos al Calendario Zaragozano, aunque es más un almanaque según la definición del Diccionario histórico del Libro, y que sirve de consulta de cualquier hortelano y del medio rural en general. Claramente influido por el repetido Calendario, un día pregunté a un agricultor si el sembraba en Creciente o en Menguante, en referencia a las fases lunares. La respuesta fue contundente: “en pudiente”. 

Visto 2028 veces Modificado por última vez en Lunes, 25 Febrero 2013 09:04
Inicia sesión para enviar comentarios